

En este blog titulado: leer el infinito, se publicarán las obras inéditas, y algunas editadas. Escribe con toda libertad a la autora,para crear un vínculo entre el poema y la mirada que le interpreta: leerelinfinito2021@gmail.com
De los inéditos:
POEMARIO
(del verso inédito)

Trazar la huella y rodearnos de desierto.
Jenny Asse
3 de diciembre 2020
Estertores de fuego en la penumbra. El aullido del gato me habla de la vida En los principios de mi piel un tejado me impide mirar al cielo.
Pesadumbre de los días. La escritura es una brizna de esperanza. Apenas. Ocho acentos sobre la tristeza. Y el tiempo sin camino.
Este teclear el borde de los días sin esperanza. Como si todo hubiese dejado de crecer de pronto. Rostros desfigurados andan por las calles, sin el gesto de lo humano.
Hemos entrado a otro mundo. La dimensión de los abismos. Desde ahí hablar. Anegando lo desconocido. Sin futuro. La hoja en blanco es indiferente, como si por primera vez no le importara ser llenada ni recibirme.
Puertas cerradas. Sin llaves en el alma. ¿Cómo esculpo ahora este puño que se cierra? Las sombras no despiertan, y sólo el murmullo de los huecos llega a mis oídos. No entiendo la nada.
Sin embargo estoy aquí. Como si ello tuviera algún sentido. Agito mis hombros para ver si cae el mundo. Cargo todas las faltas de mi pasado. El sonido de la soledad aletea en mi sangre, ¿es poesía esto que escucho? ¿Este despertar sin nadie? ¿Este aguzar los oídos para buscar una voz alentadora? Nadie. En este intentar describir el entre mundo. En esta mirada que zumba contra la afonía. ¿Dónde los vocablos del silencio? Habré de callar horas enteras, ver si surge la revelación ansiada en este bosque del sin mundo, en esta letra.
Meses ya de mirar la nada, esa profundidad de los días que se descomponen en horas, en minutos, en segundos que caen al precipicio.
No hay un otro a quien extender mi mano; caigo en esa imprecisión de lo no dado. Fondo tragaluz del egoísmo. Mis brazos cuelgan.
Tampoco hay miradas en el fondo, nadie a quien ofrecer el pálpito de la risa. Suspirar cáscaras de luz. Desprenderse de la profundidad oscura. ¿Cómo?
En esta narrativa del sin mundo nacen luciérnagas de esperanza, alumbran y desaparecen. Busco sus huellas de luz. Aparearme con el alumbramiento. Con ese signo de nacer de pronto. De dolerme en parto, de trascender los ojos de la vergüenza. Sólo cargo nonatos en mi vientre.
Entonces, ¿para qué?
El ruido de los autobuses me recuerda que aún estoy viva. ¿Será pecado acariciar la muerte? ¿Llenarse de ese plácido sentimiento de la venganza contra uno mismo? Sentarnos a morir. Porque hemos perdido el rumbo de las mariposas. Y todos los colores son de un negro brillante. Ausentarnos de Dios. Sí. Ausentarnos.
Porque no sabemos si en Su recuerdo estamos. Y en ese ímpetu de haber querido vivir desbordarnos siempre hacia el dolor.
Sin saber por qué. Detenidos a penas de un soplo de viento. Sufrientes. Sin comprender. Caída siempre de la alegría como si no me fuera dado asistir a ese movimiento constante del fulgor. Siempre a intervalos, en el rumbo indeciso marcado para mi corazón.
Bordear la noche en pecado continuo. Por no servirLo desde la alegría. No la siento.
¿Y si esta letra tampoco es esperanza? ¿Qué hay para mí? ¿Qué hay para el otro en el que renuevo mis esperanzas de ser alguien?
Estoy vacía. Y ese lugar de mi rostro en el espejo se ha movido. Deformada en el reflejo. Ser sin sueño la noche que soy. Aturdida de deseos incumplidos. No. Aturdida de no tener deseos.
¿Es la infelicidad una elección?
O es un cúmulo de momentos perdidos, de soledades escogidas o impuestas, de pastillas para despertar al alma. Siempre en el tormento, con esa nada que se pega como lapa al espíritu y lo des engendra.
¿A quién le estoy contando este aliento feroz de todo lo perdido? ¿A quién que quisiera compartir este vacío y llenarlo con una mirada a penas?
Tengo miedo. Las manzanas caen de los árboles. Elijo de pronto mirar al cielo. Me hundo en el sin saber, me culpo de azules inmensos, desconozco los senderos que en esta tierra me han sembrado.
Borde de la locura, el sin estado. La sin sustancia. El trémulo despertar en el abismo.
Caer sin nombre. Roer la espina hasta sangrarse, ¿no se trata de eso la escritura? En el corazón de la muerte y sin camino, abro los ojos, sin camino.
De despertar inútil. De ser para la nada. De ahuyentar al otro que me llama. Enojo de no nacer. Enojo de no haber nacido nunca. De ser llaga y cuenco. De desagradecimiento castigada.
Me voy, es pecado no ser para la vida.
6 de diciembre 2020
Sin espectro el mundo. La mordida de la serpiente en el corazón. Vivir en los estratos del veneno. Dolerse hasta el fin como el ciervo atravesado por la flecha y sin morir, en agonía constante, apenas el suspiro.
La entre vida, el espacio del ensueño sufriente y ¿por qué? ¿Cuál es la razón de este grito sangrante que no desea callar que quiere seguir doliéndose hasta el fin?
[Respuestas in.visibles]
La mordedura del tigre, hundirse en la sangre vestidos de la entre muerte y de la vida sin cumbres y sin valles con la pura sensación de ser el limbo en la desgarradura, en esa sílaba rota hasta el cansancio que destila la mancha, el espacio de la tiniebla.
A intervalos vivir, en el sueño de otro que no existe buscar el tempo de la espina y herir la carne hasta el fondo porque no hemos sido el rostro esperado del espejo nos desfasamos, encontramos nuestro nombre atropellado sobre las calles de la indiferencia.
El centro vacío, núcleo de la nada que todo lo consume caos del espíritu, en la sensación de ser la nada. Ciervo, ciervo, dame el alma de los días en tu suspiro quizá podamos no morir aún, vivir, en el último grito de la agonía.
Pasaron los días desde la última escritura. La frase “ausentarse de Dios” retumbaba en mi mente. Me asuste de haberla escrito y en el grito de esta revelación rogué que Él no se ausente de mi ser abandonado.)
Caigo en la hechura del sepulcro, ¿quién querrá leer las letras de mi desamparo? No hay luz en los abetos. Los árboles desnudos son el invierno que me crece dentro.
Entierro mi nombre y tiemblo, ¿será este el primer paso hacia el suicidio?
Matar al tiempo, vivir en el pecado de la melancolía, no vivir. Simular el rostro, respirar el vocablo de la muerte. Porque hemos dejado de ser nosotros mismos y en el espejo de las ruinas nos hemos encontrado.
Servir a la nada que me sirve. No comprendo este huir del sol, anego en el caos del no ser.
Olvidar la rosa para siempre dejar el rastro de un olor a tierra y posarnos ahí, en la desestructura de la flor y el des.aliento.
Y este entregarse a la letra desde el desamparo, este estar huyendo de la vida asiendo el alma a la palabra para no naufragar del todo. Eros esta ahí, en algún punto de lo sagrado que nos impide morir. Romper la corteza de la palabra para acceder al núcleo de la luz que aún nos espera.Recibirnos a nosotros mismos, en la antesala del texto,esperanza
¿Dónde? ¿En qué palabra?
]
desatina, nos convierte en sonidos ambulantes que ya nadie escucha.
[Puntos suspensivos]
Me sostengo del punto que queda suspensivo al final de la frase.
¿En la tesitura del rostro quizá la huella? Ese guiño de Dios de dónde sostenernos.
Mirar de pronto la inmensidad acceder al grano de sal y vernos en ese punto blanco.
Estoy cayendo. Y no logro avanzar en el despeño esta prohibido morir antes de tiempo.
Mírame Dios, tiende una red para mi alma.
Y si esta palabra fuera el único rostro que me es dado mirar cuerda única de dónde sostenerme ¡que alguien me lea! Para cruzar mi mirada con otro y sentir que la vida es invencible.
Trazar la huella, y rodearnos de desierto.
Qué tierra hay para mis piernas? Cómo no sucumbir a este centro de la raíz trozada ando descalzando el mundo en esa palabra que es también desgarradura del fondo
Hundirse, hundirse en el pantano que ha dado ser a los vocablos y ser la letra aullante, la que quema, deslumbra arde en el ojo de los otros.
Pupila del más allá mírame no apartes tu atención de los abrojos de mi carne sálvame el cuerpo roto en el grito del nombre que Te Nombra.
Inauguro nombres, pero no encuentro el despertar.
¿Y si el despertar fuera un nombre?
¿Una orilla el nombre?
Sostenernos del vocablo entonces, como único espacio de salvación. Morar esa tierra inhabitada Murmurar el polvo y saber que somos ese polvo que nombra lo inefable. En ese punto levantarse, cruzar la hoguera sin quemarse o dejar arder la herida hasta que desaparezca.
No hallo otro camino hacia la Luz. Ahí en ese deslumbre del vocablo que somos habitarnos.
Duele la certeza de lo no dado. Duele la luz que enterramos bajo los poros de la piel. Duele la palabra como cuerpo, carne, espina.
No veo cómo dejar de bordear la oscuridad desde este trono de la in.luz donde me poso descuidada.
Morir otra vez en el centro de un nosotros que no existe.
Hasta aquí este ramo de espinas
Hasta aquí el fondo de este abismo.
9 de diciembre 2020
¿Cómo seguir entonces? ¿Con qué paso fugaz escindir la huella?
Tuve sed de paraíso, y sembré el árbol del desconocimiento para ver si ahí, sin mal, podía ser perdonada. Pero el dolor perdura, y la simiente de lo no dado aún corre en mis órganos.
Tres veces morir para el silencio perdurar en el centro del monte como espera ¿quizá en algún momento un vuelco de sol calentará mi cuerpo? ¿Quizá el amor de pronto para este cuerpo envejecido?
Desolada, en el nudo del estío olvido el beso nunca dado y me lleno de memorias escondidas en el seno de mi ser como un abrazo.
Borde la escritura, desgarro las letras en agonía feroz mis uñas enclavadas en el verso en ese sitio destinado a la esperanza, nada.
Nada en esta palabra que recorro para encontrar una gota de luz Un recodo en el descenso de los días Lamento, noche fugaz del entredicho.
Tanta poesía entonces ¿para qué? ¿Con qué sentido hundir el diente en la palabra hendir vocablos para encontrar la risa de los días, el fulgor oculto de lo eterno?
Nada, nada, nada temor de lo inconcluso de lo que se cierra en un instante para mí
¿Luchar la vida? emerger de pronto como en un milagro de la muerte
Y la vida ese desparpajo disonante donde me soy ajena, símbolo el no saber, encerrarse en el círculo donde nada pueda tocarme lágrima azul del día, tócame el anochecer y mójalo que Dios sepa que he llorado que en el ocaso mis sueños hechos trizas me alcanzan y duelen como cristales rotos en la carne.
¿Cuánto vivir para morir? Cuánto tratar de aprehender lo inaprensible. Rosa de pétalos sangrantes murmuro esta locura entre las hojas envuelta en una bata blanca y me pregunto para qué tanta agonía.
Este deambular entre pasillos atada a los tubos de la locura incienso el olor de esta vergüenza.
Me despido del mundo, ahí donde he pecado. Me sumo a las estrellas desaparecidas. Mi cuerpo en las caricias nunca dadas. Pesa en el alma la ausencia.
Las imágenes de mi in.despertar de haber dormido siglos como muertes desaparecer viva de la vida.
Semblante del llamado convócame hazme aparecer sobre los días en el círculo roto del estío, en este andar tras de la puertas escondo mi vergüenza.
Y todo mi cuerpo duele de sin saber la nada atravesada por la sed soy un trazo en el rostro de la hondonada
Y cuánto destila mi saber un nombre: David. Sueño del hundimiento, no hay respuesta solo la voz del desaliento anegar en la trampa del amor sin dueño
Un qué para mis días calvo estremecimiento ¿qué camino recorrí para llegar al entresijo del ocaso?
Cerrada de puertas y de nombres estoy aquí con un tejido sangrante entre los dientes y la palabra testimonio compañera incólume
Me sostengo de las alas del vocablo caigo y arribo a la pereza de los tronos silentes he olvidado mi nombre tras las letras.
¿Quién soy? ¿Por qué me duelo tanto en el sepulcro? ¿Por qué busco enterrarme sin haber nacido aún?
Puente sin estar de rostro caigo escalera me nombro pozo de qué carrera huir ¿quién me espera detrás de la ventana?
En qué cielo escribo mi suerte quiero vivir y en el deseo encontrar mi nombre gaviota, de pronto, atravesar los cielos.
Trazo el estar de un palabra como si yo fuera esa estancia el en sí del entre nombre sustancia de los desvelos iluminados fulgor de nada, atravesar instantes.
Arrastrar soles en la tormenta imbuirme soltar las aguas y no morir de sed
Entregarme el olvido de las horas y revivir de Dios.
22 de diciembre 2020
Mórbida de la luz, capacidad de lo Uno atrapado en la conciencia estado naciente del saber diversificación de lo inatrapable y por eso deseo infinito del ser en su comprensión
Visibilidad abierta de la letra transparencia incorruptible que se va borrando mientras se escribe luz del vocablo invisible, atrapa la realidad al tiempo que se desborda sendero del espíritu, en ese buscarse dentro de la carne para convertirse en la visión de lo no dado palabra escrutadora que se inscribe en el más allá y, a su vez, en el cuerpo para abrirlo descender a la fosa de los nervios y escamparlos trozo por trozo en la realidad de la infinitud que es sólo un deseo de aquí y ahora, que alienta a la palabra a buscar el borde y centro en este cruce que conduce a la comprensión eterna del instante.
Abrirle los ojos a la noche en su insondable deseo encontrar el cuerpo ardiendo en brasas en su estar contra la luna
Hiendo mi rostro con el cuchillo de la letra soy dos y soy ninguna aullante en el soliloquio de mi deseo un ojo en el centro se abre herido ha despertado a la luz y teme ese escaparte de vida que se cuela al fin en la conciencia
Lobo, lobo, no abandones la dicha de aullar contra la noche de protestar por tanta sombra allégate pues a mi locura abrázala, acompáñala, justifica este sin sentido arrastrémonos juntos a morder todas las horas.
Somos uno en este grito rompamos los muros de la melancolía que todos sepan que hemos caído en la hondonada que nos han cavado hondo hasta desgarrar los nervios y duelen de pronto todas las heridas.
Lobo cómplice que al despertar de una palabra comprendes que la oscuridad se ha hecho para aullarla para desmentir al mundo de una luz que se desgarra cada día en la intimidad del verbo y de la carne.
Y surgir en la escalinata de las horas en la trampa del minutero celeste andar que arroba lo querido cada segundo es desdicho por la agonía del alma por ese camino incomprendido donde la palabra huele a mundo desquiciado sabe a moho la palabra a una muerte acomedida que palpita entre los huesos
Tiemblo de arroyos infinitos cualidad de mirar hondo más allá del espejo el rostro ennegrecido nostalgia del futuro y de pronto la claridad inaudita del vacío.
Sea dicho el porvenir entre las sombras en ese bosquejo donde tiembla la esperanza una esfera de luz que ruede dentro que ilumine carne y sangre que desgarre el alma de deseos
De pronto no morir escurrirse en las alas de la luz y dejarnos llevar a las alturas por el esplendor incalculable del querer.
Levantarse en llamas iluminar cada segmento de tiniebla que hemos cultivado culpables de la noche de elegir el vocablo enfermo de lastimar cada palabra y roer su herida.
¿Dónde está el tiempo? Ese ser para sí mismo y para el otro bálsamo el instante del fulgor curando el verbo saciando de luz al corazón.
Curar el verbo y en ese instinto de andar hacia la nada encontrar el puño abierto y extendido para nacer de nuevo.
Me trago al corazón en la conciencia fruto interminable del vacío apresar nombres crear la realidad que se desborda del vocablo. Temo la muerte que hay en mis palabras signo de lo desesperado que cae buscando el alba.
Quiero nacer desde esa oscuridad que es espalda y nombre borrar el dicho de mi muerte aunque temprana haya nacido para conocer la herida aunque el tiempo de mi desgarradura perdure insomne
Sanar, escrita por mis manos guiñarle un suspiro al Dios de mis entrañas perdonarlo, perdonarme.
Colmar la sed de cada día reconciliada con mi Dios único fruto de mis días.
Deseo impaciente que no cesa de buscar en la soledad algún encuentro. un hallazgo de luz, una mirada que me mire un sol intermitente en el despeñadero de las horas.
Atraigo el rumbo de lo que no soy entonces el ocaso abre sus puertas traga mi cuerpo en el derrumbe.
¿Y el otro? ¿Ese paraje hacia la vida puente que me salve de la ruina? Soy el otro.
Y Dios en su palpitar sagrado abre las puertas y las cierra ¿de quién es la llave en el rumbo del milagro?
Cuánta esfera del sin morir la muerte buscando un guiño, una señal un trazo.
Amapolas ardientes en el cielo signo del Creador que nos aleja y nos acerca en este a/divino de los días donde tejo azules Blanca certeza del Sin Nombre
Acudo a su regazo que me envuelva el líquido amniótico del vacío.

"trazar la huella" : inmensidad del espacio esclarecido, rosa que se encumbra en el espíritu, abierta, sostenida en aura nómada que acompaña nuestros ojos hacia el cielo. El alma se abre al Nombre Santo, en el Trono del saber nos encontramos. Pureza incomprensible de la Luz contenida en un vocablo.Se desenvuelve, crea en murmuraciones de fuego el conocimiento que se hunde en nuestros cuerpos para iluminarlos, para des esclavizarnos de la tierra qué pisamos y a su vez , sembrarnos nuevamente en huellas de luz que atraviesen gozosas todos los desiertos.








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